La mañana había comenzado como cualquier otra para Isabela. Al llegar a la Compañía Altamirano, fue recibida con las sonrisas y los saludos cordiales de sus compañeros. Desde que se había integrado al equipo, su eficiencia y profesionalismo habían ganado el respeto de todos, incluidos los altos directivos.
Isabela se dirigió a su oficina, un espacio amplio con una vista impresionante de la ciudad. Había organizado su agenda para el día: reuniones, revisiones de proyectos y un par de entregas im