Dos trajes colgaban del marco de la puerta del armario en la habitación principal del piso franco.
Uno era un conjunto de chaqueta y pantalón azul marino de lana fría, corte italiano, para Rafael. El otro era un traje sastre gris marengo, sobrio y autoritario, para Elena.
Bajo la luz amarilla de la lámpara de techo, no parecían ropa. Parecían armaduras. Cotas de malla modernas diseñadas para un campo de batalla donde las armas eran la retórica y los procedimientos penales.
La casa estaba sumida