Lo sentía desde la punta de mis pies, subiendo por mis
pantorrillas, arriba enroscándose como una serpiente,
ahogándome con su oscuridad y malicia. Por primera vez ni
siquiera las pequeñas manos de Liv tocándome no podían
liberarme. Ni siquiera los sonidos que hacía ella succionado
no podían penetrar el miedo.
Estaba atrapada.
Era real. El infierno era real y lo estaba viviendo. Iban a
quitármelo todo, a Liv, a Ian, a Olivia. Todo, iban a dejarme
sola