Siento cómo me arden las mejillas de la impotencia por no poder
estampar a Silvana, y a la misma vez, noto que mis manos comienzan a sudar
por lo que acaba de decir Joan. Todos me miran estupefactos, excepto Enma.
—¿Está embarazada? —pregunta Silvana con horror.
Joan suspira y da varios pasos hacia los lados, intentando calmarse. Yo,
en mi caso, no me muevo del sitio.
—Todo esto… —murmuro con un hilo de voz—. Todo esto ha sido un
rastrero plan, ¿tuyo? —