ADRIANA
Llego al apartamento pasadas las cinco de la mañana. El cielo empieza a aclararse con los primeros rastros del amanecer. Mis ojos están hinchados de llorar en el taxi todo el camino de regreso. Abro la puerta intentando ser silenciosa. No quiero despertar a Estrella. No quiero tener que explicar por qué regresé tan temprano. Por qué estoy llorando.
Pero la luz de la sala está encendida. Y Estrella está ahí. Sentada en el sofá con una taza de café. Esperándome.
—¿Venus? —Se pone de pie i