Lee Joon la besó suavemente, casi como si tuviera miedo de tocarla, como si tocarla después de semanas separados fuera solo un espejismo.
A medida que bebía la miel de sus labios, su pasión iba creciendo hasta que su lengua se apoderó de su boca.
Merida le paso los brazos por el cuello al sentir la prueba de su excitación en su vientre y se dejó llevar pensando que, tal vez tuvieran una oportunidad de ser felices.
Pero se apartó de él, tenía que saber la verdad. Una cosa era la pasión y otra el