Capitulo XXXI
Merida tenía el sueño intranquilo, él la observaba mientras dormía, se movía inquieta entre las sabanas, Lee Joon la acunó entre su cuerpo para que sintiera la seguridad de estar protegida entre sus brazos, como deseaba tenerla para siempre. Pero seria para siempre, el tiempo suficiente para estar juntos, porque a él le parecía no serlo, desde que conoció a Merida había empezado a desear que las manecillas del reloj se detuvieran, se sentía ansioso, asustado de que algo tan perfecto como el amor