Capítulo ciento veintiocho. Las voces que eligen quedarse
— — — — Narra Amy Carlson — — — —
Esa noche, dormí en nuestra cama.
Después de tantos días entre sábanas de hospital, máquinas, luces frías y puertas que se abrían sin aviso, estar de vuelta en casa se sentía como un milagro. Aunque seguíamos con vigilancia, cerraduras nuevas y cámaras en cada rincón, nuestro hogar seguía oliendo a nosotros. A pan tostado, a libros viejos y a ropa recién lavada.
Brad me ayudó a recostarme, puso almohadas