Capítulo ciento veinte. Algo se rompió
— — — — Narra Amy Carlson — — — —
No había podido dormir.
No solo por los bebés que se movían sin parar, como si también sintieran que el mundo afuera estaba desajustado, sino porque en mi pecho algo latía con una urgencia distinta. Una sospecha. Un miedo. Un presentimiento.
El jefe de seguridad había dejado más personal vigilando la casa. Sabía que estaban allí, patrullando en silencio, atentos. Pero eso no bastaba. Porque el verdadero asedio no era exter