Capítulo once. Una novia de encaje rojo
— — — — Narra Amy — — — —
Seguimos unidos después de semejante beso. No nos separamos ni tampoco nos decimos nada, es como si los dos nos sintiéramos tan cómodos con el otro que no nos separamos, mantenemos la cercanía y disfrutamos del otro, sin inhibiciones.
—¡Eres preciosa!
—Tu tampoco estás mal —sonreímos bajito —. Y cada vez me gustan más tus besos.
—Y a mi los tuyos —me planta otro rápidamente —. Me gusta que seas mi esposa. No sé, tienes algo que