—Dijiste que no querías meterte en esto porque pensabas que no lo habíamos pensado lo suficiente. Pero nunca dijiste que no querías... Sí que quieres —dijo él—. Te conozco, Kat. Te he estado observando desde que volviste. Esperando el momento oportuno para llamar tu atención; deseando saber qué hay en tu tableta. Me has hipnotizado por completo... Siempre lo he hecho. Y sé lo que quiero... Lo he pensado lo suficiente. De hecho, he pensado tanto en ti que empiezo a creer que me voy a volver loco