—¡Oh, no! —dijo Katherine, y la sonrisa de Jensen se amplió—. ¡Para nada, Jensen! Soy una bailarina pésima.
—No es cierto —dijo él—. Te he visto bailar muchas veces. Se puso de pie y le tendió la mano, que ella tomó. Luego la levantó y la condujo a la pista de baile.
—Bailas maravillosamente —dijo Jensen mientras la acercaba suavemente y la rodeaba con una mano por la cintura—. ¿Recuerdas la última vez que bailamos juntos? —preguntó.
Katherine le sonrió. —Ehh, la boda de Jonathan y Kate —dijo.