Quizás aceptar reunirse con ella no había sido tan buena idea, pensó Jensen.
Era lunes y estaba en la oficina. No podía concentrarse en nada. Se dio cuenta de que le costaba concentrarse desde que ella le había enviado ese maldito mensaje. La tenía constantemente en la cabeza y se distraía con facilidad.
Su secretaria llamó a la puerta y entró en su oficina.
"Señor", dijo.
"Sí, señora Geller", respondió él, su presencia lo sacó de sus pensamientos.
"Hay una señorita Kavell que quiere verlo. Dic