La noche no pasó a mayores, me fui a dormir justo después de que Blanche llegara y nos encontrara en la biblioteca, quizá fue una cara de alivio o de contrariedad, no supe distinguirla, pero lo que sí hizo fue mandarme a dormir.
Esa noche dormí largo y tendido.
Soñé, esta vez lo hice.
Soñé con mis pies a orillas del mar, mis dedos enterrándose en la arena blanca, la espuma tocándome los tobillos. Mientras miraba a lo lejos el amanecer y una voz masculina que me llamaba, me atraía, me abrazaba.