#21: Nora
Agarro el volante con tanta fuerza que los nudillos se me ponen blancos mientras acelero por las calles de la ciudad, con David sentado a mi lado en el asiento del copiloto.
—Gira a la izquierda en el próximo semáforo —dice en voz baja, consultando el GPS de su teléfono—. Ahorraremos unos minutos.
Asiento sin decir nada y hago el giro. El hospital aparece delante. Mi mente corre a toda velocidad con mil posibilidades, cada una peor que la anterior. La otra noche descarté la fiebre de