Me lamo los labios, mordiéndome el inferior con fuerza, y por fin consigo ordenar mis pensamientos lo suficiente como para formar una idea coherente.
Y hacer un movimiento coherente.
Deslizo las manos hasta sus hombros y, usando toda la fuerza que puedo, empujo, haciéndolo rodar hacia un lado. Lanzo una pierna sobre sus caderas y me siento encima. Mis piernas se sienten entumecidas y mi centro palpita cuando me presiono contra él, haciéndome estremecer automáticamente. Él sonríe mientras lo mir