Asombrosamente, y aunque un poco escéptica y desconfiada por mi fracaso matrimonial, la convivencia con Hugo fue fácil, encajamos a la perfección nuestros dos mundos. Tengo que reconocer que el mérito fue todo de Hugo, en una semana de convivencia me di cuenta de lo bien que había llegado a conocerme durante esos años atrás. Era capaz de detectar mi estado de ánimo, incluso mis sentimientos, con solo mirarme, y a mi me encantaba que lo hiciera, porque mientras me miraba me sonreía con esa media