No sabíamos de donde venían los disparos, lo que si sabíamos era que no nos apuntaban a nosotros, la balas iban directas a los globos, que uno tras otro no dejaaban de explotar. Crucé una mirada rápida con Klaus, indicándole el trayecto hasta la casa, en pocos segundos y con más miedo que valentía, empujamos a todos dentro de la casa.
- Los teléfonos no funcionan - comentó Josh.
- Alejaros de las ventanas - comento Klaus.
Una luz blanco proveniente de una lintera nos iluminó descaradamente.
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