No se que ocurrió en aquella reunión, pero una cosa tenía clara, Paolo y Klaus emanaban una tensión incomprensible, de vuelta a la casa. A penas cruzaron una sola palabra, ni siquiera consigo. Cuando llegamos, Nicolasa hablaba con Hugo, me sorprendió que hubiera llegado antes que nosotros.
- En serio Hugo, son casi las cuatro de la mañana, no podemos dejarlo para mañana?- preguntó Klaus despojándose de la América y camisa.
- Mañana igual amaneces sin manos, por ponerlas donde no debes.- Klaus