Capítulo 18. Soy libre de hacer lo que quiera
Astrid se detuvo abruptamente al ver la escena delante de sus ojos. Un vacío se le abrió en la boca del estómago, su mano se aferró al pomo de la puerta con tanta fuerza que sus nudillos palidecieron. ¿Era por esto que Connie se mostraba tan preocupada por la desaparición de Dylan? Ellos…, ¿estaban juntos? Astrid tuvo que morderse para no dejar escapar el gemido que luchaba por salir de sus labios.
—Lamento la interrupción —dijo, conteniendo el deseo de echarse a gritar. Había estado tan preocu