Capítulo 41. Unidos para la eternidad.
«Hazme tuya.»
«Aliméntate de mí.»
Eran las palabras que Leviatán siempre anheló escuchar de los labios de Astrid; sin embargo, le apremiaba más poder conversar con ella. Explicarle todo para que no volviera a temerle.
—Tenemos que hablar —murmuró con los labios casi pegados a la boca de Astrid.
—No he dicho que no lo haremos, Leviatán. No creas que vas a escaparte de mí, hay muchas cosas que tendrás que explicarme y por las que tendrás que disculparte, pero ahora mismo, solo deseo estar contigo