Capítulo 17. Eres el hijo de mi jefe
Astrid sintió una puñalada atravesarle el corazón al escuchar las palabras de Dylan, fueron casi una réplica de las mismas que ella utilizó unos días atrás.
—Dylan, yo…
—No deberías estar aquí, Astrid. Será mejor que te vayas —su tono fue brusco, más de lo que imaginó, pero no se disculpó. Después de todo, Astrid lo lastimó primero y él era un demonio, no un santo.
—Lo siento tanto, Dylan —se disculpó, estirando la mano para tocarlo; sin embargo, él se apartó antes de que la mano alcanzara su p