La lluvia cae con fuerza implacable sobre los cristales de la cafetería, mientras Valeria aprieta las manos alrededor de una taza de café que ya pierde calor. Franco la observa desde el otro lado de la mesa, manteniendo una rigidez estudiada en el rostro mientras apoya las palmas sobre la madera gastada.
–Llegas tarde y tienes la cara de alguien que no duerme hace días, Valeria –dice Franco, fijando una mirada penetrante en los ojos hundidos de su hermana. – Me dijeron en la recepción del bufe