NARRA VALERIA
El olor a caucho, a metal frío y al aroma masculino de su sudor impregna el aire del gimnasio privado de la mansión, transformando el espacio en un santuario de pura testosterona y poder físico. Las luces de neón blanco empotradas en el techo de espejo reflejan cada movimiento con una nitidez obscena, multiplicando las sombras de las máquinas de poleas que se alzan en la estancia como monstruos de hierro fundido. Durante días he arrastrado mis cadenas invisibles por la casa, dev