Valeria entra a baño en el mismo horario de siempre, agarra el celular y de repente una llamada entra. Con los dedos entorpecidos por la adrenalina presiona el botón de recepción y pega la bocina a su oído.
–Buenas noches, mi estimada y siempre brillante Valeria, espero que la reclusión involuntaria en la suite presidencial de la mansión Volkov no esté mermando tu prodigiosa capacidad para el análisis de los balances financieros ni tu inquebrantable espíritu de supervivencia familiar –comienz