La temperatura parecía bajar aún más, y el crujido de las hojas bajo mis pies me recordó que cada segundo de discusión nos alejaba más de ella.
Lucas dejó escapar una carcajada, esa clase de risa que no nace de la diversión, sino del puro desdén.
—¿Y qué piensas hacer tú exactamente? ¿Vas a gritar su nombre como si fueras un altavoz? ¿O quizá pretendes tropezarte con ella por arte de magia mientras caminas sin rumbo?
Me detuve en seco, sintiendo cómo la rabia subía como una ola que amenazaba con