No fui consciente del instante exacto en que ocurrió, pero de repente mi brazo estaba en el aire, y la palma de mi mano impactaba contra su rostro con un golpe seco. La furia ardía en mi interior, desbordándose antes de que pudiera detenerla. Sentí el calor en mi palma y, por un momento, el mundo pareció contener el aliento.
Lucas apenas se movió, más por sorpresa que por el golpe en sí. Su cabeza giró levemente hacia un lado, y un silencio cargado se instaló entre nosotros, denso como una torm