Mundo de ficçãoIniciar sessãoDisimuladamente, sin pestañear, apretado contra la puerta del coche y casi encogido, Joel miraba a Dominic.
¡Cómo engañaba!
Pensó.
Ahora mismo, metido en su traje negro y de firma, nadie pensaría que tenía un arsenal de objetos de tortura y que era un dios en la cama.
Bueno, al menos para él
-¿Qué me miras tanto?- le sonrió Dominic
-Na-nada- negó el joven moviendo la cabeza.
Su móvil sonó haciéndole dar un grito pero calmándose lo sacó d







