Damien se fue al amanecer.
Emma despertó y lo encontró ya vestido, con las llaves del coche en la mano.
—No lo hagas —dijo.
—Tengo que hacerlo —respondió Damien—. Va a huir. La policía tardará horas en encontrarlo. Necesito hacerlo ahora.
—Entonces voy contigo —dijo Emma, levantándose de la cama.
—No.
—Sí —dijo Emma con firmeza—. No vas a hacer esto solo.
Damien no discutió. Sabía que era inútil.
La casa de Richard estaba en la zona más exclusiva de la ciudad.
Una mansión que parecía construida