Aisha cerró los ojos, intentando ordenar sus pensamientos. Su relación con Sanathiel seguía siendo un enigma. Había algo profundo y visceral que los unía, pero con Varek… era diferente. Él siempre había estado allí para ella, a pesar de todo, aunque ahora parecía que el abismo entre ambos era imposible de cruzar.
—No tienes que quedarte, Varek —murmuró con la voz apenas audible.
Varek, sin embargo, negó con la cabeza.
—No lo entiendes, Aisha. No puedo simplemente irme. No mientras estés atrapada