36. VIAJE
Estaba revisando por última vez mi mochila cuando Brina irrumpió en la habitación. Sus pasos firmes, decididos como siempre, venían acompañados de una expresión que me advirtió que no era solo para despedirse.
—Ya casi estoy lista para salir —le dije, esforzándome por sonar tranquila.
Brina no contestó de inmediato. Se cruzó de brazos y me clavó esa mirada suya, tan directa como protectora.
—Voy contigo —soltó al fin, sin rodeos.
Me volví hacia ella, sorprendida.
—¿Qué? Brina, no hace falta.
—S