Leandro Mackenzie
Estaba ajustando los últimos detalles de nuestra unión con Katherine. A decir verdad, lo único que faltaba para que ella se convirtiera en mi esposa era la firma en el juicio de divorcio, y así, finalmente sería libre de comprometerse conmigo en el altar. Todo estaba meticulosamente planeado: la iglesia, la recepción, la luna de miel —y qué luna de miel—: una isla paradisíaca reservada solo para nosotros, donde nuestras fantasías se harían realidad.
Y, por supuesto, nuestra nu