Jennifer Mackenzie
Balanceaba su silla de lado a lado mientras encendía un cigarrillo. Eran casi las diez de la noche y Valentino todavía no llegaba a casa. Desde la pérdida de nuestro hijo, esa se había convertido en su rutina diaria: dejarme esperando hasta altas horas de la madrugada.
Apagué el cigarrillo solo para encender otro. Recientemente había adoptado este hábito; era lo único que calmaba mis ansias. Algo no me dejaba encontrar la paz, y era el hecho de que comenzaba a darle la razón