Cuando llegamos al pasillo, Doroteo estaba frente a la puerta de Jennifer, ladrando y rascando con desesperación, como si quisiera que ella le abriera.
—¿Qué te pasa, perro? —Leandro intentó agarrarlo por el cuerpo, pero el animal se soltó insistentemente, siguiendo con sus intensos ladridos hacia la puerta cerrada.
—¿Qué ocurre, Doroteo? —pregunté, con una creciente sensación de pánico.
En ese momento, como un espectro, Sherry apareció en la puerta de su habitación, con los ojos muy abiertos y