Douglas Lacoste
Al verlas juntas, la imagen de Katherine en la oficina seguía ardiendo en mi mente, alimentando mi deseo, endureciendo mi erección aún más. Tomé sus manos con firmeza y las conduje a la habitación principal. Sentí cómo el calor subía en el aire mientras la bebida que les había dado hacía efecto rápidamente; sabía que sus bragas estarían empapadas, listas para lo que venía.
—¿A dónde nos llevas? —preguntó Danielle, con la voz temblorosa y respirando con dificultad.
—Las haré feli