Katherine Olson
Leandro llevaba encerrado en esa maldita prisión casi dos semanas, y cada día sin él era un infierno abrasador. Especialmente cuando, al final de cada visita conyugal, tenía que separarme de su abrazo. Sentía una daga clavándose en mi pecho cada tercer día.
Mientras tanto, analizaba cada movimiento del maldito Douglas en la empresa.
Si no fuera porque Leandro lo había previsto todo y tenía respaldo para cada decisión, PRISM ya estaría en la quiebra. Douglas había convencido a lo