Leandro Mackenzie
Jennifer cayó a mis pies, con el rostro pálido y el cuerpo temblando como si tuviera escalofríos.
—¡Llamen a una ambulancia! ¿Qué esperan? —grité a quienquiera que escuchara. Pasaron diez minutos, que parecieron eternos, antes de que los paramédicos se llevaran a Jennifer al hospital.
La acompañé. Es mi hermana, es sangre de mi sangre, y por muchas peleas que tuviéramos, no la iba a dejar sola.
Estaba en la sala de espera y mi teléfono empezó a sonar insistentemente. Vi el ide