Narrador
En la oscura y maloliente celda donde yacía Valentino, el aire estaba cargado con el hedor de su propio cuerpo descompuesto, como si fuera un recordatorio frecuente de los pecados que lo perseguían. Era como si el destino, en un acto de justicia implacable, se estuviera cobrando cada gramo de crueldad vertida sobre los inocentes, especialmente el sufrimiento que infligió a Katherine y a su hijo por nacer. El eco de sus acciones resonaba en cada rincón de aquel infierno.
—¡Briston! ¡Lev