Leandro la abrazó con fuerza, como si quisiera borrar cualquier sombra de esa noticia oscura y, especialmente, del asqueroso pasado que Katherine vivió al lado de Valentino. La noche continuó su curso habitual, sin que la muerte de Valentino los afectara.
Al día siguiente, tal como Berta había solicitado, Katherine y Leandro se encargaron de los trámites fúnebres. No hubo velatorio, porque no había nadie que realmente llorara la muerte de Valentino, aparte de sus padres. Y, en una cruel ironía