Jennifer Mackenzie
Había sido un día largo y agotador. Cuando llegué al apartamento que compartía con Killian, me dejé caer en el sofá, soltando un suspiro que llevaba horas atrapado en mi pecho. Moví el cuello en un intento desesperado por liberar el estrés acumulado, pero la tensión no desaparecía. Leandro tenía razón, era hora de enfrentarse al árabe de una vez por todas.
Apoyé la cabeza en el respaldo del sofá y el peso del cansancio pronto empezó a hacer estragos en mí. Mis párpados se cer