38. LA TRAMPA
—¿A dónde vas? —su madre caminaba por el pasillo con mucha calma y elegancia.
—Trabajo —le dijo.
—Jasha, las cosas se pondrán peores, no te vayas.
—Tengo que controlar a la gente de allí.
—Eso es lo que quieren, que te vayas y dejes este fuerte solo y sin tus mejores hombres.
—Madre —pocas veces Jasha la llamaba de ese modo—, volveré en dos días.
—Se necesitan segundos para destruir este lugar —dijo Olga con la sabiduría de la que era dueña.
Jasha sabía que su madre tenía razón, pero pensaba t