33. EL ADIÓS
—¿Estás lista? —Eriks le preguntó a Irina que se miraba al espejo y tenía unas profundas ojeras.
—Supongo que si —limpió esa lagrima que se le escapo.
—Irina, si no te sientes bien, creo que lo mejor es que...
—Tengo que, no puedo simplemente no ir, soy su hermana.
Eriks trago el grueso nudo de su garganta, afirmó con su cabeza y le beso la frente.
Antes de que salieran de la habitación Irina regresó sobre sus pasos y lo abrazó con fuerzas, él se había convertido en su todo, sin olvidar por s