Maya
Observaba a mi alrededor con nerviosismo, sintiendo como si todos me estuvieran mirando, aunque en realidad solo esa mujer parecía tener la vista clavada en mí. Su rostro reflejaba molestia y un escalofrío recorrió mi espalda. Quería huir de allí. Sin embargo, desde lejos, percibí una extraña sensación y pronto identifiqué a Igor, ese hombre malvado que siempre parecía seguir mis pasos. Mis manos se retorcían nerviosas, sintiendo el impulso de gritar.
—¿Maya, todo bien?—inquiere Valentino