Maya.
Me levanto de la cama con cuidado de no hacer demasiado ruido; aún no ha amanecido. Mi mirada busca instintivamente a la chica, pero no está. Me asalta la curiosidad sobre quién es ella y por qué besó a Valentino
Desciendo las escaleras en silencio y salgo al jardín. La luna está alta en el cielo, ofreciendo su resplandor plateado. Me quedo absorta en su belleza, con deseos de bailar bajo su luz, pero una silueta detrás de mí rompe mi ensimismamiento.
—¿Quién eres?—La pregunta es curiosa