Maya.
Ya no soportaba este dolor, sentía como si mi cuerpo se estuviera quebrando en mil pedazos. Pero tenía que alejar este poder de mí, sacarlo definitivamente. No iba a permitir que mi hijo sufriera las consecuencias de las ambiciones de aquellos que querían dominar el mundo. Si yo moría, no importaba, pero mi hijo tenía que nacer.
Mi cuerpo dolía, ese ser me observaba desde las profundidades, queriendo salir, tratando de consumir más de mi energía maligna. Aún faltaba para completar lo que d