Rous del futuro permaneció unos minutos en silencio, sentada en el suelo, rodeada de cristales rotos y respirando con dificultad. Sus ojos, aún vidriosos de rabia y confusión, se clavaron en el espejo hecho añicos. Cada fragmento luego de haber desaparecido por completo el rostro de Caleb del futuro devolvía un rostro distinto de ella misma: furiosa, perdida, calculadora, dolida.
Con un grito ahogado, se incorporó con determinación. —¡Limpien este desastre… ahora mismo! —ordenó con voz firme y