Rous se sentía invadida, como si su piel ya no le perteneciera. Sabía, con esa certeza de las que duele, que aquella reunión no era más que un juego de placer para David. Él buscaba dominio, no compañía. Pero dentro de ella ardía algo más complejo: el deseo desesperado de ser alguien más, de dejar de ser una sombra, de convertirse en una mujer a la que el mundo tuviera que admirar con respeto.
Era una mezcla de ambición, miedo y un extraño fuego interior que la consumía por dentro.
Momentos ant