La pelirroja apareció como un alma perdida. Milán estaba desconcertado ante la figura femenina que invadió su espacio a esa hora de la mañana. Por fuera un auto oscuro vigilaba desde la distancia. Nadie sospechaba, nadie observo que la pelirroja había descendido de ese auto.
—¡Ayúdeme por favor! —exclamó ella con desesperación y Milán sin una respuesta y atónito por la situación.
Milán observó a cada lado, imaginando que podría tratarse de una trampa, de alguien del pasado que estaría intentando atacarlo y cobrarse venganza. Pero… ¿Quién? Todo aquel que pertenecía al clan de David, había desaparecido de la escena. ¡No existía manera que alguien ahora deseara vengarse!
—¡Cálmese! —respondió Milán consternado—. No acostumbro a ingresar a mi departamento a nadie y nadie es ¡Nadie!
Milán la ingresó y el no se descuido un solo segundo, las alarmas en su cabeza estaban alteradas. Era muy temprano y era muy sospechoso, aun así, el la sentó en uno de los sofás y preguntó con mas calma. —Cuén