La presentación de Rosario encendió el furor del público, se desenfrenaron en la pasión por lo observado esa noche y cada uno de ellos hizo efectivo la compra de sus modelos y fueron dirigidos hacia las habitaciones reservadas, algunos no esperaron lo que esa noche se revelaría, solo deseaban saciar su deseo y sed de lujuria impregnada en sus cuerpos y con restos del elixir de Júpiter salpicados en sus cuerpos.
Tras la finalización del anunciante de la noche, las luces volvieron a su esplendor