El rostro de Rosario era imborrable, el rostro de Rosario decía todo lo que con palabras podría quedarse corto tras observar a la persona que asesinó o al menos ella así lo pensaba en el pasado. El patriarca después de todo resultaba ser Sebastián Ríos, pero entonces, ¿Dónde se encontraba escondido y porque nunca salió a reclamar su posición? Seguramente eran incógnitas que podrían ser resueltas o no durante esa noche que Rosario había entregado el último suspiro de su deseo y no precisamente a